En este mismo momento, en algún lugar del mundo alguien está abriendo una bolsa de patatas fritas Sarriegui que se pasan de mano en mano, se comparten en la mesa, en un bar, en un estadio o como aperitivo en una cena con amigos.
Son ese gesto espontáneo que rompe barreras y transforma cualquier momento en una experiencia compartida en la que todos los presentes comparten el deseo de disfrutar de ese extraordinario placer que supone masticar una patata fina y crujiente que guarda todo su sabor.
Las patatas fritas Sarriegui están presentes en miles de momentos cotidianos y son el nexo que tiene el poder de unir a quienes las comparten. En Sarriegui creemos firmemente en ese poder: el de un sabor auténtico que nos une.